Hiemis ex aestatis

Virgil 19:21
La noche anterior fue dura... una de las cuantas he soportado y disfrutado. Un poco de libros, música, también pensamiento. Una canción se repite bastantes veces, mas de las permitidas y tolerables para cualquier oído con alguna dirección docta. Pero carezco de oído, la apreciación musical se vuelve más personal, un sonido, un momento. Todo genera aquella atmósfera que nos sume tal y como lo haría un placebo. Sentimos lo que queremos sentir en aquel momento. Ocurrió la noche, exactamente tres horas de seudo-descanso. Y entre rato y rato aquella canción se hizo presente, desde la lejanía. Era necesario prestar suma atención para verificar si el sonido seguía al alcance del oído. Lo terrible fue que la atención prestada fue la suficiente para notarla cada vez, consiguiente de esto, el sueño fue interrumpido varias veces. Lo extraño fue el abandono de la idea que acabaría con aquel momento. Y siguió así hasta el amanecer. 6:30 A.M. Las ventanas del cuarto quedaron cerradas por mero descuido, aislando todo aspecto exterior. Un día como seria cualquiera. Al salir, el paisaje pintado era otro, muy distante de aquellas concepciones de otros días. Algo más oscuro, apagado, casi un día de invierno. La canción siguió sonando. Las luces no tornasolaban nada, estaban inertes, sin tener el menor objetivo de alterar el eco producido por la primera impresión. Y los focos del alumbrado existían junto a la visión, pero tampoco querían hacerse presente. Pues era una experiencia dual, el día y yo. Hacia frió, una sensación extraña, que abandona con el llegar de esta época. Me decidí a honrar el momento, ensalzarlo y destacarlo. Abrí aun más mi polerón, dejando que las corrientes de aire invadieran el cuerpo, que lo exaltaran, que le retornaran el gozo que provocaba. Y los colores formaron parte del todo y nada, grises, marrones, todo un mundo de colores, tan bellos y tan poco relevantes. Dos montones de ripio, en el centro, otro de arena. Un cuadro para nadie importante, pero que demostraba la destreza artística mas digna de glorificar. Imagine, la canción suena mas fuerte. Ocurría todo, pero ocurría fuera de foco. Nada importante, en lo mas mínimo. Y ocurrió que el mundo se volvió un pequeño oasis de frialdad, un contexto que delinea de forma mas gruesa los limites de la significancia del candor. Luego... vino la lluvia.

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